martes, 13 de abril de 2010

Claude Lévi-Strauss

Apenas el año antepasado, como parte principalísima de los festejos de
su centenario, Claude Lévi-Strauss (1908-2009) fue admitido, en vida,
en la Biblioteca de la Pléiade, privilegio inusual que compartió con
el novelista Julien Gracq y algún autor de los pocos que alcanzan el
siglo en procesión. Leo el prefacio de la edición, firmado por Vicent
Debaene y me encuentro con una defensa del derecho de Lévi-Strauss a
estar en una colección donde destacan los escritores, defensa un tanto
fuera de lugar pues en el canon de Gallimard aparecen las plumas de
otros pensadores: Tocqueville, Marx, Nietzsche.



Es conveniente, pese a todo, esa defensa: desde hace mucho se tiene
vulgarmente por literatura sólo a lo que pertenece al dominio de la
ficción o de la poesía, restricción que hubiera resultado
incomprensible para Aristóteles (quien expulsó a la lírica de la
poética) y para buena parte de los tratadistas y críticos de los
siglos XVIII y XIX. Literatura también es escribir gran historia y
gran antropología, literatura han sido y serán, también, Herodoto,
Tucídides, Las Casas, Sahagún, Gibbon, Michelet, Darwin y...
Lévi-Strauss. De hecho, quizá casualmente, quizá no, un año antes que
a Lévi-Strauss, la Pléiade admitió en su seno al conde de Buffon
(1707-1788), otro gran naturalista-escritor en su día criticado por
Cuvier –nos recuerda Debaene en su prefacio– por escribir demasiado
bien en demérito de su ciencia.
Escribía soberbiamente Lévi-Strauss y recorriendo sólo los libros
incluidos en las Oeuvres de la Pléiade, es difícil no abandonarlo casi
todo para seguir la cadencia, a ratos muy ardua para el profano, de
Tristes trópicos (1955), El totemismo en la actualidad (1962), El
pensamiento salvaje (1962), Mirar, escuchar y leer (1993), traducidos
al español, entre otros, por Francisco González Aramburu y Juan Almela
(alias Gerardo Deniz). El de Lévi-Strauss era "gran estilo" en varias
de las definiciones alcurniosas del término y no poca de su influencia
se debió a su brillante presentación como clásico en vida, es decir,
el autor de una obra que parecía indiferente a la historia, hecha de
antigüedad, horneada con el mito y a la vez neta, transparente, como
el pensamiento salvaje que –según algunos– se inventó. Se culpa al
antropólogo de haber postulado, triunfalmente, la causa de la teoría
como sustituto de lo real.
No es extraño ni casual que Lévi-Strauss y sus mejores lectores (sobre
todo Michel Foucault y Roland Barthes) fueran escritores todos muy
buenos, si no es que grandes. Los excesos y las puerilidades de la
"moda estructuralista" (como la llamó el antropólogo antes de darse de
baja, sin mayor éxito, como su patriarca) quedarán siempre
atemperadas, en principio, por el estilo. No todo en ellos fue sólo
estilo y tratándose de Lévi-Strauss, su influencia sobre las teorías
de la literatura fue inmensa y, a veces, nefasta. Véase, por ejemplo,
lo que dice Antoine Compagnon, en Le Démon de la théorie. Littérature
et sens commun (1997), a propósito de la llamada "querella de los
gatos", en la cual Lévi-Strauss y nada menos que Roman Jakobson, vaya
dúo, entraron a saco en la poesía de Baudelaire con la intención de
imponer el mito, la estructura, contra la intención de decir, abolida,
de un poeta.
Guiado por Montaigne, cuya relectura es un capítulo hermosísimo de la
Historia de Lince (1991), Lévi-Strauss forma parte esencial de la
historia de las ciencias humanas en tanto literatura, en compañía de
Rousseau, para empezar. Inspirado como escritor por Max Ernst y sus
collages, Lévi-Strauss se recortó a sí mismo en una profunda silueta
de moderno: siempre viaja Lévi-Strauss en el mismo barco que André
Breton, como lo reconoció, primero que nadie entre nosotros, Octavio
Paz. Nadie como Lévi-Strauss expandió los límites del universo e hizo
contemporáneos a Rimbaud y a las vocales de colores de los indios
macushi de la Guyana, a la venerable forma de la sonata del manifiesto
del surrealismo, a los animales que pueblan las Mitológicas de todo el
censo salvaje que conformamos sus lectores, aturdidos y admirados.
Tanta literatura de fundación, la que modifica la realidad, hay en la
antropología de Claude Lévi-Strauss como en el libro de los viajes de
Cristóbal Colón, aunque uno y otro no se hayan topado con el antiguo
oriente sino con otra cosa.
(Publicado previamente en El Ángel de Reforma link original:
http://www.letraslibres.com/blog/blogs/index.php?title=el_estilo_es_levi_strauss&more=1&c=1&tb=1&pb=1&blog=10

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